miércoles, 7 de marzo de 2012

"Camino", la fuerza de una vida


"Yo le doy gracias a Dios cada día por la enfermedad de nuestra hija"


Con esta horrible frase se explica el diálogo de una película absolutamente desgarradora. "Camino", dirigida por Javier Fesser, narra la historia de una niña de once años perteneciente a una familia del Opus Dei que se enfrenta a algo completamente desconocido para ella: el amor. Con unos personajes bárbaros, y una historia tremenda, se nos muestra el "camino" del amor y la decadencia, con un final nada feliz (aunque la última escena no nos haga pensar eso). Camino es una niña que, además, nos aporta un espíritu vital y optimista increíble pese a su enfermedad, nada que ver con lo que la madre nos hace sentir cuando la vemos en pantalla. La enfermedad supone el inicio que una táctica para ir destrozando poco a poco a la familia de Camino, simplemente por las lecciones morales que día sí y día también da esa niña con 11 años de edad.  Y es que, aunque parezca mentira, la enfermedad y muerte de camino (no os he destripado nada, que desde el principio se sabe que vas a ver la muerte de una niña) no es más que la historia central, derivándose de ella gran parte del resto de la película. Que Camino esté enferma o no es algo que esperamos ver. Sin embargo, a lo que no nos acostumbraremos viendo la película es a la gran paleta de sentimientos que el director pone a nuestra disposición en este film. 
Camino es una niña que desde el minuto uno nos enamora, y ayuda mucho el empeño y la actuación de Nerea Camacho, la actriz que interpreta a la niña. La forma que el espectador tiene de empatizar con el personaje de Camino pocas veces se ve en el cine. Los sentimientos que nos transmite la película somos capaces de sentirlos en nuestras propias carnes, desde alegría hasta una tremenda tristeza, así como la mayor de las rabias. Y hay algo que hace esta película especial: mucha gente sólo es capaz de verla una vez. Es una película que nos marca, que nos hace replantearnos cosas, y que desde el principio nos adelanta que lo vamos a pasar mal, muy mal.
Es una película en modo de flashback, que en ningún momento se hace pesada, si bien lo que el espectador busca es que se pase rápido por la tristeza constante con la que se ve. Y una cosa hay clara, y es que el odio que sentimos a determinados personajes, no es un odio irracional, sino más bien un odio motivado por la forma de contar la historia. No se trata de ideologías, sino de formas de ver una misma situación mediante la personalidad de cada uno de ellos. Porque hasta la madre, dura y en ocasiones egoísta, tiene  pequeños momentos de debilidad que, a duras penas, la humaniza. La hermana (interpretada por Manuela Vellés) es el nexo de unión entre el padre y la madre, y aunque en ocasiones la queremos apartar de la pantalla por su obsesión a negar la realidad, en otras nos sirve para  ver que Camino es feliz dentro de su tortura, y ella, en ocasiones, ayuda (como la canción que le canta, momento tierno donde los haya).
Pero sin duda alguna las dos figuras que resaltan en esta película son tanto Camino, como su querido padre, Jose, interpretado por un magistral Mariano Venancio. Se trata del personaje que nos alivia en este duro sendero de sufrimiento y dolor, y sin duda, el más querido por todos los que hemos visto la película. Su amor por su hija traspasa las pantallas, y nos llega de una forma totalmente voraz. 
Mención especial merece la escena de la playa, una de las que mejor ejemplifican lo que es Camino: una película donde amor y devoción luchan, con la victoria de la primera a pesar del triste final. Los dualismos entre ambas son constantes, y la escena final es en la que más podemos observarlo.
Hay escenas que incluso llaman más la atención, y nos hacen meternos directamente en la piel de Camino, como su lucha constante con el ángel de la guarda, la cual sufrimos a más no poder. Camino, en sus sueños, nos hace partícipes, y nos describe los sentimientos que en ese momento pasan por su débil cuerpo. 
En cuanto a las controversias, el director siempre ha afirmado que tomó la historia de Alexia, la niña en proceso de beatificación, pero que no se trata de una biografía. Ha cogido varios casos y los ha unido en una misma película no con el fin de ridiculizar al Opus Dei, sino con el fin de hacernos ver de que antes de la devoción a una Iglesia, o de unos pensamientos, están nuestra familia, nuestros amigos y todo el amor que sentimos hacia ellos: en cuestiones de salud, enfermedades, muerte, no todo vale. 

Así, es de las mejores películas que he visto en mi corta vida. No sabría decir si la mejor, pero todo lo que me hizo sentir, y todo aquello que vi y que me hizo reflexionar hoy en día lo sigo teniendo presente.

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